El dolor y el deporte

Cómo el deporte puede salvar tu vida

He sido una persona castigada por dolencias, y como ya sabéis esto no es una buena o mala noticia. Es un simple hecho que me ha hecho recoger una gran cantidad de sabiduría respecto a la vida. El dolor crónico va y viene, aunque casi siempre está ahí. Lo que si es cierto es que aprendí que al enemigo se le ataca cuando este es débil. Partiendo de esta teoría, cuando estos dolores lleguen a ti, utiliza las técnicas que explicaré en este artículo u otras muchas en este otro llamado como eliminar dolencias crónicas. Pero siempre teniendo en cuenta que es mejor aplicarlas cuando el dolor sea leve o remita. Así, en este caso explicaremos de forma específica unas de las técnicas que ayudó: el deporte salvó mi vida y mis dolencias.

¿Cómo y por qué hacer deporte?

En los inicios de mi dolencia, me aconsejaron dejar de hacer deporte. Ahora sé que simplemente hubiera bastado con parar una semana y tomarlo de forma muy relajada. Las consecuencias fueron devastadoras y mi masa muscular empezó a desaparecer. Así, mi cuerpo sufría y no tenía el físico necesario para poder llevar el día a día con normalidad. Pero utilizando la lógica y tras años de dolencias pensé lo siguiente: si mi dolor crónico persiste aún sin hacer deporte, es porque no se debe a la práctica deportiva. Por esta razón, comencé de forma paulatina, a los 8 años de mi lesión, con un ejercicio muy leve. A continuación, os muestro una serie de secretos referentes al cómo y por qué practicar deporte.

Planificación de mi recuperación

La planificación responde al cómo hacer deporte. Estuve 4 meses practicando deporte solo una vez a la semana y de forma moderada. Mi musculatura estaba tan atrofiada que no podía tener más sesiones semanales. Pero antes de ello tuve que encontrar aquella práctica deportiva que menor impacto me causase, y no es la misma para cada persona. Yo encontré el gimnasio, y siempre acompañado de un profesional.

A partir de esos 4 meses comencé a ir dos veces a la semana. Parecía que mi cuerpo respondía en ese momento y así fue. Sin apresurarme, mantuve ese nivel de entrenamiento durante otros 6 meses. Cuando veía que mi cuerpo pedía más decidí dar el siguiente paso y colocar un tercer día de deporte a la semana. En este caso fue la natación. Mi cuerpo fue aceptando la nueva rutina y sin darme cuenta, un día, me ilusioné rompiendo a llorar. Mi cuerpo ya no tenía dolencias y podía estar charlando con las personas sin tener que corregir la postura de mis hombros.

Estiramientos, calentamiento y duchas

Hacer estiramientos también responde al cómo hacer deporte. Estos son otro de esos pequeños detalles que marcan la diferencia. Sin embargo no es en si el estiramiento, sino el momento en el que lo realizamos. Siempre se me había dicho que había que estirar antes y después de entrenar lo cual no considero cierto. La forma correcta de estirar es esperar 10 minutos o 15 minutos como mínimo después de hacer el ejercicio.

Los estiramientos, por otro lado, no son eficaces justo antes de entrenar y mucho menos cuando son bruscos. No tiene sentido estirar algo que vas a contraer al minuto siguiente. Diferente es que estires 2 horas antes de entrenar, lo cual aconsejo y hago. Y siempre de forma moderada hasta notar una breve tirantez.

Cuando nos dispongamos a entrenar, calienta justo antes, haciendo movilidad y cargando de forma paulatina el 50% del peso con el que vas a entrenar. Así lograrás que tu cuerpo este preparado para el ejercicio.

Finalmente, otro pequeño detalle, las duchas. Estas nos ayudan a relajar la musculatura. Las podemos hacer con agua templada-caliente y si te lo puedes permitir con algún segundo de agua fría para que haya contraste. Esto provoca que las fibras se suelten y se alivien las contracturas.

Endorfinas, contracturas y dolor crónico

Este apartado hace referencia al por qué debemos practicar deporte para eliminar las dolencias crónicas. En mi caso la práctica deportiva no solo me hizo salir de casa, sino que también liberó endorfinas en mi organismo. Están son sustancias naturales generadas por el mismo que eliminan el dolor. Esto provocó que mediante un ejercicio moderado mi dolencia crónica desapareciese.

Pero también hay más efectos colaterales. Esta sustancia provoca felicidad y por tanto un aumento de nuestra autoestima. Nos vemos mejor y nos aporta disciplina cuando tenemos una obligación que cumplimos. Así, nuestro estado de alerta desaparece y nuestro cuerpo elimina su tensión ya que no percibe peligros. Todo esta felicidad nos lleva a cambiar la forma en que vemos el mundo y los dolores crónicos psicosomáticos desaparecen.

Otro beneficio del deporte ante el dolor crónico es el fortalecimiento de la musculatura. Una musculatura débil es más propensa a contracturarse ya que cualquier pequeño esfuerzo le puede provocar daños. Por lo tanto al mejorar la calidad de nuestras fibras musculares también haremos que los dolores crónicos desaparezcan. Estas pueden aguantar mayores esfuerzos e impactos.

La paciencia y la formación: madre de la solución

Todo fue gracias a la paciencia y a la formación en temas deportivos y psicológicos. Ha día de hoy nunca he realizado dos sesiones de entrenamiento fuerte en días contiguos. Siempre dejo que mi cuerpo descanse el día del medio. Perfeccioné mis posturas preguntando a profesionales y viendo gente reconocida del fitness. Pero el deporte solo fue uno de los innumerables puntos que ayudó en mis dolencias crónicas.

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